viernes 26 de febrero de 2010

Dos de cada tres adictos a tóxicos sufre además una enfermedad psiquiátrica

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El consumo de drogas, además de causar dependencia psicológica y física, y enfermedades físicas como neuropatías, enfermedades infecciosas, cirrosis, enfermedades respiratorias o cardiologías, favorece la aparición de trastornos psiquiátricos. Entre ellos destacan los trastornos afectivos como la depresión y el trastorno bipolar, psicosis y esquizofrenia.

Los especialistas coinciden además en que la sensación de riesgo existente respecto al consumo de tóxicos sigue siendo muy baja, un factor que unido la aceptación social de otras drogas legales como el alcohol, el tabaco o los fármacos hipnosedantes, actúa como una puerta de entrada al consumo de tóxicos.

Para el Dr. Javier García Campayo, del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Miguel Servet y Profesor Asociado de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, “La percepción social del riesgo de consumir drogas es muy baja. En el caso del alcohol, su consumo es en situaciones sociales y de celebración y se encuentra completamente aceptado. No hay suficiente conciencia de la capacidad que tiene el consumo de drogas para producir enfermedades psiquiátricas y físicas. El consumo de tóxicos favorece la aparición de las psicosis: Por esta razón, los trastornos relacionados con la esquizofrenia en España se han incrementado de forma importante y aparecen varios años antes de media por el abuso de sustancias”.

Consumo de tóxicos y Atención Primaria
A pesar de que los pacientes drogodependientes suelen mostrarse reacios a solicitar ayuda médica y, por tanto, su abordaje es complicado e insuficiente, el médico de Atención Primaria constituye el primer eslabón asistencial en la prevención, la detección precoz de las dependencias, la evaluación y la valoración de derivación a otras instancias socio-sanitarias.

Para el doctor José Ángel Arbesú Prieto, Coordinador de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) “el primer papel que debe desempeñar el médico de AP es prevenir las adicciones, implementando iniciativas que modifiquen y mejoren la calidad de vida de los individuos, fomentando el autocontrol individual y la resistencia colectiva ante la oferta de drogas. La prevención debe dirigirse fundamentalmente a adolescentes y jóvenes indagando acerca de sus conductas de salud y prácticas de riesgo. La detección precoz de la adicción mediante la entrevista clínica, la exploración física y la realización de pruebas complementarias son otros aspectos fundamentales”.

Una vez diagnosticada la dependencia, el tratamiento depende tanto de la sustancia consumida, como del paciente y del entorno familiar y social. “También debemos valorar si el consumo es episódico o sistemático, que tipo de sustancia consume y de las repercusiones del mismo”, asegura Arbesú Prieto. En la mayoría de los casos, es necesario derivar al paciente a unidades especializadas. “En general, el manejo debe ser interdisciplinar en coordinación con unidades de salud mental o específicas para la atención al drogodependiente”, añade el experto.

Patología dual
De la misma manera que el consumo de drogas supone un factor desencadenante de algunas enfermedades mentales, en un alto porcentaje de casos la patología psiquiátrica y adictiva aparecen de forma simultánea. De hecho, dos de cada tres personas con adicción a sustancias estupefacientes sufren, además, alguna enfermedad psiquiátrica.

En este sentido el doctor García Campayo explica que “la patología dual es la asociación de un trastorno psiquiátrico y de una toxicomanía y puede ser una causa de otra o ser independientes. La depresión o la psicosis asociadas son las enfermedades más frecuentes”.

El diagnóstico de la patología dual resulta complejo, ya que ambas sintomatologías interactúan entre ellas y a veces producen cuadros clínicos complejos difíciles de diagnosticar. Por lo general, en todos los casos es necesario combinar el tratamiento psiquiátrico con el tratamiento de la toxicomanía. “La derivación a servicios de Psiquiatría está indicada en pacientes que padecen Patología Dual”, comenta el Dr. Arbesú Prieto.

Hipnosedantes
A pesar de que consumo de drogas más visible socialmente es el de sustancias como el hachís o la cocaína, los expertos alertan sobre el alto consumo de las “drogas legales”, entre las que destacan el alcohol y los hipnosedantes. Éstas son, de hecho, las adicciones más frecuentes observadas en los centros de salud.

Se calcula que aproximadamente un millón de españoles (2,5 % de la población general) son consumidores diarios de fármacos ansiolíticos o tranquilizantes y entre un 10 y un 20% lo hace de forma esporádica. Su consumo, al contrario de lo que puede pensarse, también tiene riesgos potenciales para la salud.

Según José Ángel Arbesú Prieto, “la toma con asiduidad de estos fármacos da lugar a fenómenos de tolerancia y dependencia tanto psicológica como física. En el primer caso la adaptación del organismo al efecto de la droga genera una necesidad creciente de dosis para conseguir el efecto. La dependencia psicológica provoca un deterioro del control sobre el consumo de la sustancia toxica y la dependencia física provoca la aparición de síntomas de abstinencia al suspender el consumo de la sustancia, como son el deseo intenso de consumo, malestar general, agitación, taquicardia y dolores musculares”.


Fuente: Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen)

Reportaje sobre ansiedad en LA RAZÓN

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Ansiedad: una sensación que oprime a más de 6 millones de españoles

12 Febrero 10 - P. Pérez / E. M. Rull / A. Jiménez Madrid

Las mujeres lo sufren tres veces más que los hombres, y pese a constituir un trastorno mental, sus manifestaciones también son físicas, como taquicardias, fiebre y hasta estados graves de insomnio

Sufrir palpitaciones, aceleración del pulso, sudoración, ahogo o falta de aliento y sentir náuseas son algunas de las respuestas físicas a una situación de peligro. El miedo y el instinto de supervivencia son características comunes a cualquier animal. Huir y evitar momentos que ponen en peligro nuestra integridad física nos ha hecho sobrevivir como especie a lo largo de los siglos. Algo natural e innato que heredamos de los primeros homínidos, ellos tenían miedo porque vivían en un entorno peligroso. El problema del ser humano es que, además, cuenta con un poderoso aliado que se convierte en un terrible enemigo: la imaginación. De esta capacidad tan humana se nutre, muchas veces en nuestra contra, la ansiedad. Un sentimiento normal, que puede producir sensación permanente o puntual y angustiosa de pérdida de control.
Sentir estos síntomas físicos y notar aturdimiento, entumecimiento, mientras la mente se paraliza y se obsesiona con la posibilidad de perder el control, de volverse loco, de no superar el momento y sufrir un infarto o hacer algo trágico e irremediable. Imaginar que existe un peligro real en una parada de autobús, en el metro, en un lugar público, mientras se habla con otra persona y se tiene la sensación de que notará la sudoración o ese temblor imperceptible que invade el cuerpo son síntomas claros de un ataque de pánico. Diez minutos de parálisis en los que el simple hecho de controlar la respiración se complica. «El inicio de estos síntomas se produce bruscamente, alcanzando su máxima expresión en los primeros diez minutos. La duración suele ser inferior a una hora, aunque puede durar bastante más», explica Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).

Cambios de vida
La presentación patológica no es una evolución de la ansiedad normal. Puede ser de tres tipos fundamentales: la crítica, caracterizada por estos repetidos ataques de pánico y episodios entrecortados con o sin agorafobia, que se desatan en situaciones que se relacionan con el descontrol, como los grandes espacios o las aglomeraciones. El sistema nervioso autónomo, que es el que produce los sintomas físicos y que no se puede controlar de forma voluntaria, se pone en movimiento. «La crisis de pánico es la situación de mayor descontrol del ser humano», explica Francisco Ferre, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario Gragorio Marañón, de Madrid.
La ansiedad constituye una llamada de atención que produce nuestro cerebro. «Se presenta como el resultado de interpretar de modo catastrófico ciertas sensaciones corporales, en su mayoría relacionadas con respuestas de ansiedad (palpitaciones, sudores...). Estas sensaciones normales y benignas son percibidas como si fueran mucho más peligrosas de lo que realmente son», explica Cano Vindel. Un error de interpretación cognitiva, que pone de manifiesto la incapacidad de nuestro cerebro a adaptarse a las novedades que se producen en nuestra vida. Un periodo de estrés provocado por un cambio de trabajo, un nacimiento, una boda, el perfeccionismo excesivo, los altibajos hormonales, la obsesión en el autodiagnóstico de las propias sensaciones o los hábitos tóxicos pueden producirlas. Así, según la SEAS se apunta a una prevalencia de cualquier tipo de ansiedad en un 13,8 por ciento en la población general, más de seis millones de españoles.

TAG: el enemigo al acecho
La ansiedad flotante o generalizada es el segundo tipo y afecta principalmente a personalidades de tipo neurótico. La persona afectada se encuentra nerviosa de forma constante, inquieta, con un malestar moral y tensión continuos. La preocupación por el futuro y la tensión constantes pueden generar graves problemas de sueño, conocidos como insomnio de conciliación: «No puedo dormir porque estoy preocupado». Es una desagradable sensación constante, que reduce la calidad de vida y que afecta a más habitantes (unos seis millones de europeos frente a cinco), según el Libro Verde sobre Salud Mental de la Unión Europea y cuyas cotas máximas de ansiedad se pueden dar lugar a crisis de pánico.
Afecta casi tres veces más a las mujeres que a los hombres. Así, un 11,6 por ciento de los pacientes que consultan con un cuadro de trastorno de pánico en atención primaria en España son mujeres, frente a un 5,9 por ciento de hombres, según datos de la SEAS. Y aunque suele estar relacionado con los problemas de la edad adulta, los niños no están libres de padecerla. «La mayor parte de los trastornos relacionados con la ansiedad empiezan en la adolescencia, aunque muchas manifestaciones tienen que ver con los problemas de la vida adulta, en los que pueden aparecer unidos a cuadros de depresión», detalla Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB). Los expertos sí que otorgan un pequeño papel a la genética, sobre todo en las crisis de angustia. Pero son las circunstancias sociales las que determinan esta clase de episodios. «Los niños, por ejemplo captan y reflejan la ansiedad de los adultos» explica Bobes. Un reciente estudio de la Universidad de Montreal (Canadá) revelaba que el 15 por ciento de los preescolares, aquellos cuyas madres habían tenido depresión, tenían niveles anormales de ansiedad y depresión.
Pero no todo se encuentra en el cerebro. El 78 por ciento de los pacientes con ansiedad y depresión sufre dolores físicos, sobre todo de espalda, hombros y cabeza, lo que provoca que no puedan rendir en el trabajo al menos durante cuatro días a la semana. Así se desprende de una investigación en la que han participado 7.152 pacientes que acudieron a atención primaria por cualquier motivo, de los cuales más del 13 por ciento presentaba ansiedad generalizada, lo que confirma a este trastorno como la segunda enfermedad mental más frecuente en este nivel asistencial. Asimismo, más de la mitad de estos pacientes presentaba un trastorno depresivo mayor junto con el de ansiedad.
De este análisis se extrae que sólo el 4,6 por ciento de los enfermos con ansiedad generalizada y depresión presentan una funcionalidad normal cuando surgen estos síntomas dolorosos. En cambio, la cifra se eleva al 38 por ciento en los pacientes que referían ansiedad y depresión, pero no malestar físico en alguna parte del cuerpo. El 59 por ciento de los pacientes con ansiedad generalizada refirieron dolor, cifra
que se eleva hasta el 78 por ciento cuando a la ansiedad se une depresión. «En este estudio hemos encontrado que la presencia de síntomas dolorosos en pacientes con ansiedad generalizada es muy frecuente, al igual que sabemos que ocurre en aquellos con depresión», ha señalado Ángel Luis Montejo, del Hospital Universitario de Salamanca y uno de los investigadores del estudio.Esta investagación ha sido elaborada por expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, del departamento de Investigación en Atención Primaria del Servicio Madrileño de Salud, del departamento de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, del Centro de Salud de la Eria, Oviedo, entre otras instituciones.
Todo ello ha provocado que en los últimos tiempos las crisis de ansiedad copen las consultas de asistencia psiquiátrica, lo que ocasiona que los especialistas cada vez tengan menos tiempo para atender a los enfermos mentales graves. Bobes explica que «muchos de los enfermos mentales graves tienen dificultades para ser atendidos por la invasión de personas que acuden con problemas mentales comunes, como la depresión, cuadros de ansiedad y estrés». Las personas han comprobado que hay posibilidades de recibir ayuda «cuando se pasa por una mala temporada», existen conflictos de pareja o cualquier otra dificultad de la vida diaria, asegura el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), Jerónimo Saiz, lo que provoca una saturación en los servicios de psiquiatría. «Hemos pasado de trabajar sólo con los enfermos graves hace dos décadas a que ahora más de la mitad de los tratamientos sean de trastornos mentales comunes», señala Saiz, que opina que sería necesaria mejorar la coordinación con la asistencia primaria para que asumiera gran parte de estos casos.
Un ataque de pánico para el que no se encuentra explicación alguna no suele producirse de manera aislada. Puede no ser sintomático de un trastorno de angustia y, en tal caso, una simple visita al médico o a los servicios de urgencia aliviará la situación con la administración de calmantes. Pero si se repite de forma inexplicable ante situaciones en las que normalmente no suele encontrarse nervioso o incómodo, el ataque puntual puede llegar a convertirse en un trastorno de ansiedad crítico muy dañino.
Los expertos coinciden en que repetidos ataques de pánico producen ansiedad anticipatoria. En palabras de Reid Wilson, director del Centro de Tratamiento de los Desórdenes de Ansiedad de California «produce un estado de tensión física y emocional permanente en anticipación del siguiente ataque. Las personas que comienzan a evitar cualquier circunstancia que asocien con sus ataques pasados, empezarán a restringir cada vez más sus actividades». Anticipar la situación en previsión a un ataque, que con la imaginación se está alimentando, predestina a quien la sufre a un nuevo episodio. El instinto, mal informado, puede convencer a la persona de la necesidad de huir del metro, del autobús o de hablar con los demás: «Si evito estas circunstancias, estaré a salvo», hasta que el miedo invade la vida y encierra a quien la sufre en casa. La agorafobia, y los síntomas de depresión, unidos al aislamiento, pueden aparecer si no se pone remedio a tiempo. «Esa es la base de la ansiedad. La persona que tiene ansiedad se imagina peligros de futuro que no existen en el presente», explica Ricardo Ros, psicólogo clínico y autor del método «Stop a la Ansiedad».
La tercera ansiedad fóbica o situacional puede producir crisis de pánico, pero se diferencia de la primera en que aparece sólo ante la presencia de estímulos ambientales delimitados. Se trataría por ejemplo de fobias sociales como hablar en público o fobias a los insectos.

Solucionar y reeducar
La ansiedad no tiene un diagnóstico fácil. Los síntomas variados y compartidos con otras patologías pueden despistar, tanto a quien padece una crisis, como al médico de urgencias. Identificar el problema es fundamental para empezar a atajarlo. La solución es diferente: ante una caso de fobia social una terapia cognitiva-conductual, mientras que la ansiedad crítica y el trastorno generalizado necesitan de la cooperación médica y psicológica.
Biológicamente, las investigaciones demuestran que ocurre algo en el cerebro mientras se experimenta un cuadro de ansiedad.Se producen alteraciones en el lóbulo frontal y en la amígdala. Hay alteraciones en los neurotransmisores (sustancias que comunican unas neuronas con otras), concretamente con la serotonina y la noradrenalina. «Asimismo influye el equilibro entre dos sustancias naturales del cerebro, el glutamato, que mantiene activo el cerebro y el Gaba, que actúa como tranquilizante», explica Ferre.
Acudir a un especialista en psquiatría y a un psicólogo no estigmatiza a nadie. De hecho, según el Libro Verde, un 54 por ciento de la población, entre los 18 y 65 años, de los Estados miembros padece trastornos de ansiedad, en muchos casos con somatización. Los tranquilizantes palían los síntomas puntuales del ataque, ayudando al organismo a alcanzar el grado justo de calma y los antidepresivos actuarán a la larga. «Los tranquilizantes te calman pero no te curan», explica Enric Zamorano, médico de familia de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. Las terapias cognitivo-conductuales ayudarán al paciente a relativizar la gravedad de sus síntomas, con prácticas que mejoren la respiración e, incluso, enfrentando al individuo paulatinamente a las situaciones que durante tanto tiempo ha evitado.

Cotillear para «curarse»
Chismorrear puede contribuir a reducir el estrés y la ansiedad, así concluye un estudio en EE UU que vincula una hormona femenina con el comportamiento social y el estado de ánimo de las mujeres. Se trata de la progesterona, una hormona sexual que fluctúa con el ciclo menstrual y que, junto con los estrógenos, contribuye a la formación de los caracteres sexuales secundarios femeninos.
La razón de ese «chismorreo sano» es que sentirse emocionalmente cerca de un amigo aumenta los niveles de progesterona, lo que ayuda a reducir la ansiedad y el estrés, según la investigación, de la Universidad de Michigan. En ella, se apunta a la progesterona como «posible parte de la base neuroendocrina para la vinculación social en los seres humanos», según expone Stephanie Brown, su autora principal. Investigaciones anteriores habían revelado que mayores niveles de progesterona aumentan el deseo de vincularse con otros, pero el estudio actual demuestra que la vinculación con otros aumenta los niveles de esta hormona.
El estudio también vincula los incrementos de la hormona con una mayor voluntad de ayudar a otras personas, algo que, según la doctora, ayuda a entender mejor el comportamiento humano. Para los investigadores, resulta «importante encontrar los vínculos entre los mecanismos biológicos y el comportamiento social humano». «Estos vínculos nos pueden ayudar a entender por qué la gente que vive en relaciones muy cercanas son más felices, están más sanos y viven más que los que están socialmente aislados», subrayó Brown. Para realizar el estudio, los investigadores examinaron la relación entre cercanía interpersonal y progesterona de 160 mujeres.

«Creía que me iba a morir»
Me ocurrió hace cuatro años. Siempre he sido muy perfeccionista, pero nunca había tenido problemas y de repente sobrevino el estrés. Estaba terminando la carrera y había empezado a trabajar. Cogí una semana de vacaciones y al reincorporarme al trabajo en metro, empezó a faltarme el aire y me quedé sin respiración.
Pensé que estaba dando un ataque al corazón, que me estaba muriendo. Pude llegar al trabajo, pero empecé a notar un hormigueo en los brazos y las piernas y me caí redonda, aunque estaba consciente. Me llevaron al hospital y allí me dijeron que había tenido un ataque de ansiedad.
Pero no fue ocasional, seguí con ello un año y me asusté muchísimo. Tenía miedo de que me diera en cualquier momento. Me daba miedo y vergüenza salir a la calle y que me ocurriera en público. Siempre me dolía algo.
Me obsesioné. Pensé que me iba a morir, que tenía alguna enfermedad. Y se lo decía a mi familia. Si tanta gente lo tenía, entonces lo mío era otra cosa. Me machacaba a mí misma. Acudí a un psicólogo, porque el médico de cabecera sólo me dio ansiolíticos y me dejaban hecha polvo.
Aprendí a utilizar herramientas para canalizar la ansiedad y prevenir los ataques. Tiró del hilo y cuando hablábamos siempre salía el tema de la universidad y de una mala compañera. Ahora me encuentro bien y he aprendido a convivir con ello.

«Del agobio, veía negro y las ideas en colores»
Tenía 18 años y la Selectividad me tenía de los nervios. Pensar en el futuro, que me diera la nota para hacer la carrera que quería... El día del examen me empezó a faltar el aire y sentí ganas de vomitar. Lo hice y me empezaron a temblar las piernas. Los nervios se aferraron a mi estómago y empecé a tener problemas con la comida, porque, claro, pensaba que podía vomitar en cualquier sitio, en el autobús, en la calle, en el metro... Y me daba vergüenza, así que dejé de comer. Era como el pez que se muerde la cola. Perdí dos tallas, de la 38 a la 34, se me caían los pantalones y casi me ingresan.
Pensé que tenía depresión hasta que fui a un psicólogo que me dio la receta, sólo dos palabras: «¿Y qué?». Él también descubrió mi inseguridad en relación a mi pareja de entonces, un chico muy guapo al que temía perder. También, en mis primeras prácticas en el trabajo, me adelantaba a los acontecimientos, y lo que era algo normal, como conocer nuevos compañeros, lo veía como un peligro. Quería salir corriendo.

Locura
Pero cuando verdaderamente me asusté fue una noche que no podía dormir. Llegué a pensar que estaba loca porque, del agobio, veía negro y las ideas en colores y me daba sensación de mareo. Pensé que, ojalá fuera algo físico, que me operaran y me lo quitaran y ya está. Para mi la ansiedad era atormentarme.

«Sufría mareos e inestabilidad en la calle»
Es muy difícil de expresar. La verdad es que ahora me encuentro bastante bien, pero durante el tercer curso de la carrera lo pasé muy mal.
Estudié arquitectura y los dos primeros años fueron realmente duros y los viví volcado por completo en las materias. En tercero fue cuando empecé a sentirme algo raro. Sufría mareos, me dolía la cabeza, sentía inestabilidad cuando iba por la calle... Tenía pocas ganas de hacer cosas qeu antes me apasionaban, y no me apetecía salir con los amigos. Es cierto que soy una persona con tendencia nerviosa y me volví un tanto hipocondriaco, porque ante esos síntomas te asustas bastante y piensas que tiene que ser algo muy grave lo que te está ocurriendo.
Decidí ir al médico y el diagnóstico que me hizo fueron unos vértigos. Me recetó unas pastillas que me sentaron fatal y acabé acudiendo a un psiquiatra. Entonces todo empezó a cambiar. Él sí que entendía lo que me ocurría. La verdad es que cuando me puse en sus manos ya me encontraba bien, tranquilo y él me dijo que, precisamente, la ansiedad se va acumulando poco a poco y explota en el momento en el que uno parece estar más relajado. Me puso un tratamiento durante seis meses y todo mejoró.
Ya no he vuelto a sufrir un ataque de ansiedad. Y si en algún momento presiento que se avecina y que me puedo encontrar peor, como ya sé lo que es, puedo controlarlo e impedir que el problema se haga mayor.

«Me daba pánico el descontrol»
La verdad es que no me di cuenta de cuándo empezó todo. En general, me generaba pánico el descontrol. No soportaba la idea de que algo se me fuera de las manos.
Si ocurría, me sentía vencida y me machacaba a mi misma. Tenía la sensación de que no servía absolutamente para nada. No me sentía realizada en mi trabajo. Pensaba que todo mi esfuerzo no servía para nada. Es triste, pero cuesta darse cuenta de que nadie agradece lo que haces, por mucho empeño e ilusión que le pongas.
Da igual si lo haces bien, pero... Prepárate si te equivocas. Es como si una voz interior te dijera: «Da igual lo que hagas, sea lo que sea, no lo conseguirás».
Así que perdí por completo las ganas de ir al trabajo. No me apetecía ver a los compañeros, ni tenía humor para reírme con sus bromas.
¿Y que es lo que hacía? Canalizarlo con la comida, porque parecía que era lo único que sí podía tener bajo mi control. Lo más ridículo era que, a veces, ni siquiera eso conseguía tener en mi poder. Me obligaba a controlarme, me ponía metas, objetivos de lo que debía o no debía comer y cuando no lo cumplía, cuando me atiborraba, me entraba una angustia vital, se me aceleraba el corazón y la respiración y crecía la rabia. Sentía asco y me invadía la desesperación.
Pero la terapia psicológica me ha ayudado a darme cuenta de lo que encerraba dentro de mí y de cómo puedo enfrentarme a ello y evitarlo.

jueves 24 de septiembre de 2009

Entrevista en el programa "A todo Madrid" de ES RADIO

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Para los que nos queráis escuchar... La entrevista empieza en el minuto 28".....

http://fonoteca.esradio.fm/c.php?op=player&id=607

jueves 26 de marzo de 2009

Psiquiatría en el Centro de Salud

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Hola a todos!! Os dejamos este artículo de opinión del Suplemento de Saludo del Diario La Razón por si os interesa:

"Ha caído en manos de El Topo (a su vez de manos de la agencia Europa Press, que todo quede dicho) referencias a un informe sobre «Diagnósticos y Prescripciones en Salud Mental , Atención Primaria e Incapacidad Laboral Temporal» que está en manos del Ministerio de Trabajo. A grandes rasgos, aborda los problemas de detección y tratamiento en el ámbito de la Atención Primaria y presenta un panorama desastroso. Según los autores, los médicos de atención primaria confunden los diagnósticos, que se realizan a partir de un único síntoma; se tiende a medicar a personas sin ningún trastorno psíquico o, por el contrario, se administra un placebo cuando el paciente si precisa terapia farmacológica.

El mundo se encamina a una auténtica epidemia de trastornos psíquicos. Según la OMS, la depresión ya es una de las principales causas de incapacidad y, de ahí para abajo, todo se complica: trastorno bipolar, TOC, esquizofrenia, fobias, trastornos de ansiedad generalizada… Amén del desconocimiento que se cierne en torno a ellas y el estigma que soporta quien las sufre, las patologías psiquiátricas son difíciles de diagnosticar y tratar. ¿Quién puede pensar que en un abarrotado centro de salud, con el médico de primaria viendo pacientes como el que pone un tornillo en una cadena de montaje, es posible detectar un trastorno mental?. Cualquier patología psiquiátria presenta un sinfín de síntomas, subtipos y clasificaciones que escapan a un facultativo de cabecera saturado. En Psiquiatría, las fronteras entre enfermedades son difusas y a todo esto hay que sumarle el hecho de que el paciente no siempre estará dispuesto a colaborar.

Tal y como está organizada la Sanidad española, especialmente la Atención Primaria, resulta imposible que las enfermedades de la mente tengan un adecuado manejo. Muchos enfermos se han pasado años tomando pastillas para otra dolencia o sin saber qué les pasaba. Por ejemplo, es muy común tomar por depresivo a una persona que tiene un trastorno bipolar –con fases de euforia y depresión- y es seguro que su evolución no será la mejor, pues se deja de lado la fase antes llamada “maniaca”, cuando el paciente experimenta sensaciones desbordadas que le llevan a gastarse el dinero sin control o a saltar ante cualquier tontería. Hay pacientes que llevan una década con claras manifestaciones y sin tratamiento.

Julio Zarco, presidente de la Sociedad de Médicos de Atención Primaria (Semergen), propone (no hablando de este tema de la salud mental, sino en general) una reestructuración profunda de la Atención Primaria. Muy profunda debe ser esta reforma, casi habría que hablar de revolución, una utopía en tiempos en los que nadie se pone de acuerdo para lo más elemental. Zarco, dice que, por ejemplo, el médico de primaria debería continuar con el seguimiento del paciente, aunque éste haya sido ingresado en un hospital. Desde luego, si el médico, por vecindad, conoce bien al enfermo, puede ser de utilidad el que permanezca a su lado para salir del túnel.

Difícil lo veo."

martes 9 de diciembre de 2008

Entrevista en la "Estrella Polar" de la COPE

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Hola a todos!!

Para los que os interese os colgamos la entrevista que nos hicieron sobre el libro ayer por la noche en el programa "La Estrella Polar" que dirige José Javier Esparza en la cadena COPE. Se emite de martes a jueves de 1:00 a 3:00h de la madrugada.

martes 28 de octubre de 2008

Familiares de enfermos mentales trasladarán a los políticos su "grave situación" y falta de recursos

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Un grupo de representantes de la Asociación para la Defensa Integral del Enfermo Mental (ASIEM) de Valencia se reunirá el próximo 29 de octubre con el presidente de la Comisión de Sanidad del Senado, José María Esquerda; el presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso, Gaspar Llamazares; el grupo mixto del Congreso de los Diputados y uno de los asesores del Ministerio de Justicia para tratar "la gravedad de la situación de las personas con enfermedad mental y la carencia de recursos en España", según informaron en un comunicado fuentes de la entidad.
Los miembros de Asiem también se reunirán con todos los grupos políticos de las Corts valencianes para aportar documentación sobre "la lamentable situación de la falta de recursos para la enfermedad mental en la Comunitat Valenciana" y para exigir "el aumento de las partidas presupuestarias dedicadas a salud mental".
La portavoz de Asiem, Elisa Tórtola, señaló que la entidad ha iniciado una ronda de contactos con políticos e instituciones para "exigir lo que es un derecho, la buena atención a nuestros enfermos". Al respecto, consideró que la psiquiatría "debe estar equiparada a cualquier otra especialidad como la traumatología, oncología o cirugía" y que desde la Administración "deben dedicar los recursos necesarios para crear infraestructura de atención al enfermo".
De este modo, lamentó que "los enfermos siguen sin disponer de una red asistencial digna donde se atienda al paciente de un modo multidisciplinar, con psiquiatras, psicólogos asistentes sociales y trabajo protegido". En cada comunidad autónoma existen recursos "dispares y escasos y el Consejo Interterritorial únicamente se limita a establecer una serie de recomendaciones sobre salud mental a cada autonomía, pero no pueden exigir igualdad de recursos".
Para la portavoz de la Asociación, "no se están haciendo las cosas debidamente bien, ya que lo principal sería que el enfermo fuese tratado desde el principio de la enfermedad de forma apropiada y no con un tratamiento ambulatorio, donde el psiquiatra y el enfermo se ven cada dos meses y la familia no tiene contacto con el doctor".
Asimismo, se mostró "de acuerdo" con el cierre de los psiquiátricos, pero resaltó que "son necesarios recursos, porque lo que se hizo en su momento fue abandonar a los enfermos a su suerte y hacer a las familias asumir una responsabilidad para la que no estaban preparadas".
Desde el cierre de estos centros en la década de los 80, aseguró que en la Comunitat Valenciana "no se han puesto los recursos suficientes, no hay residencias públicas, no hay viviendas tuteladas, no hay trabajos protegidos, y sólo hay unos cuantos centros de rehabilitación, pero cuando los enfermos terminan de estar allí se encuentran como al principio porque no existen recursos y vuelven a estar en sus casas estancados y empeorando". "CONSUMO DE DROGAS"
De este modo, "en muchos casos la apatía, la dejadez, o la tristeza acaban por conducir al enfermo al consumo de drogas, con lo que se convierte en una doble enfermedad y no hay dónde atenderlos, ya que no hay un hospital donde haya un tratamiento dual".
La portavoz de Asiem abogó porque en cada área de la ciudad, exista una serie de recursos y posibilidades como viviendas tuteladas, miniresidencias, hospitales de día, centros de rehabilitación, reinserción social o laboral porque "las familias queremos a nuestros hijos cerca de casa, pero bien atendidos, pudiendo verlos siempre que sea posible y estar con ellos los fines de semana".
Al respecto, consideró que "estas residencias pueden existir, sólo hace falta voluntad política y conocimiento del problema tan serio que tiene la sociedad y que parece que a nadie le importe". Por ello, subrayó que "no se trata de encerrar al enfermo en ningún psiquiátrico, sino que esté atendido en centros especializados con asistencia profesional y rehabilitadora para que el enfermo mejore y tenga una vida lo más normalizada posible".
En la actualidad, existen muchos padres que "tienen que seguir asumiendo el papel de enfermeros y preocupándose de la medicación", ya que "los enfermos tienden a dejar la medicación y esto se convierte en un problema muy grave añadido a su enfermedad", lamentó.

FUENTE: EUROPA PRESS – 27 octubre 2008

Noticias sobre el tema

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¡¡Hola a todos!!

Viendo que el blog está un poco parado. Nos ha parecido buena idea ir colgando aquí las noticias e informaciones sobre todo lo relacionado con la temática del libro: enfermos mentales, asociaciones, avances médicos... Esperamos que os resulte interesante. Por supuesto se aceptan todo tipo de recomendaciones y agradecemos de antemano vuestras opinions al respecto.

Muchas gracias.